viernes, 21 de noviembre de 2014

RELACIONES HUMANAS


                                                         
                                                  


                        LOS DIEZ MANDAMIENTOS DE LAS RELACIONES HUMANAS.


    1.   Habla con las personas. Nada hay tan agradable y animante como una palabra de saludo cordial, particularmente hoy en día que tanto necesitamos de "gestos amables".
   
    2.    Sonríe a las personas. Recuerda que para mover la cabeza ponemos en acción 72 músculos y que para sonreír nos basta con movilizar 14.

    3.    Llama a las personas por su nombre. Para casi todos, la música más suave es oír su propio nombre.

    4.    Sé amigo y servicial. Si quieres tener amigos, sé amigo.

    5.    Sé cordial. Habla y actúa con toda sinceridad: todo lo que hagas hazlo con gusto.

    6.   Interésate sinceramente por los otros. Recuerda que sabes lo que sabes, pero que no sabes lo que los otros saben.

    7.   Sé generoso en elogiar y cauteloso en criticar. Los líderes elogian. Saben animar, dar confianza y elevar a los otros.

    8.    Aprende a captar los sentimientos de los demás. Hay tres ángulos en toda controversia: el tuyo, el del otro y el del que sólo ve lo suyo con demasiada certeza.

   9.    Preocúpate de la opinión de los otros. Tres son las actitudes de un auténtico líder: oír, aprender y saber elogiar.

   10.   Procura aportar los buenos servicios que sabes hacer; lo que realmente vale en nuestra vida es lo que hacemos por los demás.


Relaciones humanas.

                                   1.   Las seis palabras más importantes:
                                            ADMITO QUE EL ERROR FUE MIO.

                                   2.    Las cinco palabras más importantes:
                                             HAS HECHO UN BUEN TRABAJO.

                                   3.    Las cuatro palabras más importantes:
                                                 ¿CUÁL ES TU OPINIÓN?

                                   4.    Las tres palabras más importantes:
                                                    HAZME ESTE FAVOR.

                                   5.    Las dos palabras más importantes:
                                                     MUCHAS GRACIAS.

                                   6.    La palabra más importante:
                                                          NOSOTROS.

                                   


Fuente:    Silvino Jose Fritzen



miércoles, 19 de noviembre de 2014

LA PUERTA NEGRA



                                                    


       Érase una vez en el país de las mil y una noches...
En este país había un rey que era muy polémico por sus acciones; tomaba a los prisioneros de guerra y los llevaba a una enorme sala. Los prisioneros eran colocados en dos grandes hileras en el centro de la sala y el rey gritaba diciéndoles:
- "Les voy a dar una oportunidad; miren el rincón del lado derecho de la sala".
Al hacer esto, los prisioneros veían a algunos soldados armados con arcos y flechas, listos para cualquier acción.
-"Ahora miren hacia el rincón del lado izquierdo" continuaba el rey.
Al hacer esto, todos los prisioneros veían una horrible y grotesca puerta negra, de aspecto dantesco, con cráneos humanos de decoración y el picaporte para abrirla era la mano de un cadáver. En verdad, algo verdaderamente horrible de imaginar, cuánto mucho más de ver.
El rey se colocaba en el centro de la sala y gritaba:
-"Ahora escojan. ¿Qué es lo que ustedes quieren? ¿Morir clavados por flechas o abrir aquella puerta negra y permanecer allí encerrados?. Ahora decidan, tienen libre albedrío".
Todos los prisioneros tenían el mismo comportamiento; a la hora de tomar una decisión, todos se acercaban a la horrible puerta negra de más de cuatro metros de altura, miraban los cadáveres, la sangre humana y los esqueletos con leyendas escritas  del tipo: "Viva la muerte" y decidían: "prefiero morir atravesado por las flechas".
Uno a uno, todos actuaban de la misma forma; miraban a la puerta negra y a los arqueros de la muerte y decían al Rey:
-"Prefiero ser atravesado a abrir esa puerta y quedarme allí encerrado".
Millares de soldados optaron por lo que estaban viendo, morir atravesados por las flechas.
Un día, la guerra terminó. Pasado el tiempo, uno de los soldados del "pelotón de flechas" estaba barriendo la enorme sala cuando apareció el rey. El soldado con toda reverencia y un poco temeroso, preguntó: "Sabe gran rey, yo siempre tuve una curiosidad. No se enfade con mi pregunta pero, ¿qué hay detrás de aquella puerta negra?".
El rey respondió: "Pues bien, ve y abre la puerta negra".
El soldado temeroso abrió cautelosamente la puerta y sintió un rayo puro de sol besar el suelo de la enorme sala; abrió un poco más la puerta y más luz y un delicioso aroma a verde inundaron la sala.
El soldado vio que la puerta negra daba hacia un campo que apuntaba a un gran camino. Fue entonces cuando el soldado se dio cuenta de que la puerta negra abría el camino hacia la libertad.

REFLEXIÓN:

Muchos tenemos una puerta negra dentro de nuestra mente. Para algunos, la puerta negra es el miedo a lo desconocido. Para otros, es una certeza de no ser capaz; una inseguridad que paraliza o una frustración.
La puerta negra representa nuestros miedos e inseguridades: miedo a que las cosas salgan mal, miedo a ser rechazado, miedo a innovar, miedo a cambiar, miedo a volar más alto, miedo a ser diferente, miedo a mostrarnos como somos, miedo a no complacer a los demás...Para algunos la puerta negra es la inseguridad que lo atemoriza o una traba imaginaria que la inseguridad fabricó durante alguna etapa de la vida. El miedo y la falta de seguridad en nosotros mismos nos impide abrir la puerta y cruzar al otro lado. No sabemos lo que puede pasar y preferimos permanecer como estamos aunque estemos mal o, simplemente, dejarnos llevar por lo que hace la mayoría porque pensamos que si lo hacen todos, estará mejor. Podemos correr el riesgo...Quizás pasen cosas buenas y agradables. Quizás si das un paso adelante, entre un poco de luz en tu vida.

       ABRE TU PUERTA NEGRA Y PERMITE QUE UN RAYO DE LUZ ENTRE EN TU VIDA.


jueves, 23 de octubre de 2014

DEJA ATRÁS EL PASADO.


                                                


     Toda una vida llena de experiencias y repleta de momentos agradables y malos momentos también. Experiencias que nos han hecho aprender y poco a poco han ido configurando nuestra particular forma de ver la vida. Todas las experiencias vividas te sirven de una u otra manera ya que te permiten definir qué cosas quieres continuar haciendo y cuáles evitar a toda costa. 
      Todas estas experiencias vitales conforman lo que conocemos por "pasado" y forman parte del proceso de madurez. En nuestro camino hacia adelante, podemos observar personas que en un momento determinado de su vida permanecen estáticas, ancladas, sin movimiento...
      Probablemente el pasado se ha apoderado de ellas y les impide movilizar su energía y sus recursos para continuar el camino de la vida, para realizar nuevos proyectos, para renovar sus ilusiones e incluso algo tan sencillo como disfrutar de un nuevo día por el simple hecho de vivir.
       Cuando ese pasado se apodera de nosotros de tal manera que no nos permite continuar adelante con nuestra vida, es precisamente el momento en que debemos pararnos a pensar y tomar conciencia. Es importante e imprescindible abrir nuestra mente y ser conscientes de la realidad que nos rodea, de lo que nos está aconteciendo. 
       El pasado no va a cambiar. Por mucho empeño que pongamos, no se puede cambiar lo que ya pasó. Debemos dejar las cosas  tal como sucedieron, reflexionar, aprender y pasar página.
       Recuerdas alguna ocasión en la que alguien te maltrató verbalmente y no supiste reaccionar, no te defendiste, te quedaste mudo?. O quizás aquella otra ocasión en la que te enfadaste tremendamente y perdiste el control y comenzaste a decir cosas  que realmente no sentías. Seguramente ahora puedes revivir aquellas emociones que sentiste, impotencia, rabia, ira, vergüenza, malestar...Emociones que no te aportaron nada bueno, más bien, todo lo contrario.
        Si piensas que estás amarrado a tu pasado y no paras de darle vueltas a esas situaciones que te causaron tanto malestar, párate a pensar. Repasa lo sucedido e intenta extraer una enseñanza. Ya sabes que no puedes modificar el pasado puesto que "ya pasó", pero puedes reflexionar y aprender.
            Aprovecha la ocasión para madurar. Los errores son oportunidades para crecer como persona.
           Olvida a las personas que te hirieron y no  les guardes rencor. No pretendas vengarte porque si lo haces, nunca cerrarás la herida y continuarás frustrándote, perjudicandote y reviviendo emociones negativas. 
         Si eres tú quien ha hecho mal las cosas, piensa que ya no tiene remedio. Analiza los hechos e intenta averiguar las causas, los deseos, los motivos o los miedos que te empujaron a actuar de aquella manera. Si has de pedir perdón, hazlo. Y aprende. Pero sobre todo, perdónate a ti mismo.

         Todos los animales son capaces de envejecer. Crecer es una prerrogativa del ser humano. Sólo unos pocos reivindican ese derecho. (Osho).

           Una vez zanjado el pasado, intenta conocerte mejor y averigua de qué modo te relacionas contigo mismo y con los demás. Aprende a aceptarte. Busca lo positivo que posees y encuentra tu potencial como persona. Puedes aprender a responder de forma adecuada a cada situación que se te plantee cada día. No busques culpables, busca soluciones a los problemas o los conflictos. Márcate pequeños objetivos e intenta alcanzarlos. Cuando te levantes por las mañanas, piensa en lo que deseas hacer y en lo bien que te va a ir el día. Dedica unos minutos a visualizar lo que te va a suceder. Si tu diálogo interno es positivo y amable contigo mismo, tu subconsciente estará tomando buena nota del mismo y te guiará sin darte cuenta, hacia todo aquello que deseas. Sé realista, no pidas que te toque el gordo de la lotería porque lo más seguro es que no te toque, pero...quién sabe!

           No lo dudes, eres tú quien crea tu realidad...
          
           

lunes, 13 de octubre de 2014

EL COLECCIONISTA DE INSULTOS


                                                      


                  Cerca de Tokio, vivía un gran samurai, ya anciano, que se dedicaba a enseñar budismo zen a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que era capaz de vencer a cualquier adversario. Cierto día, un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos, pasó por la casa del anciano. Era famoso por utilizar la técnica de la  provocación, esperaba que el adversario hiciera el primer movimiento, y gracias a su inteligencia privilegiada para captar los errores, contraatacaba con velocidad fulminante. El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una batalla. Conociendo la reputación del viejo samurai, estaba allí para derrotarlo y aumentar aún más su fama.
                   Los estudiantes zen que se encontraban presentes se manifestaron contra la idea, pero el anciano aceptó el desafío. Entonces fueron todos a la plaza de la ciudad, dónde el joven empezó a provocar al viejo. Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió en la cara y le gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus ancestros. Durante varias horas hizo todo lo posible para sacarlo de sus casillas, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, ya exhausto, y humillado, el joven guerrero se retiró de la plaza.
                        Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:
"¿Cómo ha podido soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usó su espada aún sabiendo que podía perder la lucha, en vez de mostrarse como un cobarde ante todos nosotros?"
El viejo samurai contestó:
"Si alguien se acerca a ti con un regalo y no lo aceptas, ¿a quién le pertenece el regalo?"
"Por supuesto, a quien intentó entregarlo", respondió uno de los discípulos.
"Pues lo mismo vale para la rabia, la envidia y los insultos", añadió el maestro. "Cuando no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo".

                        NADIE NOS AGREDE O NOS HACE SENTIR MAL: SOMOS NOSOTROS LOS QUE DECIDIMOS COMO SENTIMOS. NO CULPEMOS A NADIE POR NUESTROS SENTIMIENTOS. SOMOS LOS ÚNICOS RESPONSABLES DE ELLOS.


Cuentos para pensar.  Paulo Coelho